Química del agua

Fosfatos en la piscina: qué son y cómo se eliminan

Es uno de los parámetros que menos se revisa y más sorpresas da: una piscina puede tener el cloro perfecto sobre el papel y aun así llenarse de algas en cuestión de días. Casi siempre, el motivo son los fosfatos.

Análisis del agua de una piscina para revisar sus parámetros químicos
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Los fosfatos no ensucian el agua a simple vista ni afectan directamente a la salud del bañista en las concentraciones habituales de una piscina. El problema es otro: son el alimento favorito de las algas, y mientras estén presentes en cantidad, cualquier bajada puntual de cloro, un fin de semana con más bañistas, un par de días sin revisar, una tormenta de verano, puede convertirse en un brote de algas mucho más rápido de lo esperado.

Los fosfatos, comida para las algas

Los fosfatos llegan con hojas, cremas, abonos o el agua de relleno, y alimentan a las algas aunque el cloro esté bien. Un eliminador los convierte en un precipitado que el filtro puede retirar.

De dónde vienen los fosfatos

No hace falta añadirlos a propósito: llegan solos, de forma constante, por muchas vías distintas.

  • Hojas, polen y restos vegetales que caen al agua o al césped de alrededor y acaban arrastrados hacia la piscina.
  • Cremas solares y cosméticos de los propios bañistas, una de las fuentes más constantes en piscinas con uso familiar intenso.
  • Fertilizantes de jardín, sobre todo tras la lluvia o el riego, cuando la escorrentía arrastra restos hacia la piscina.
  • El agua de red usada para rellenar, que en algunas zonas ya trae una carga de fosfatos de fábrica, aunque sea baja.
  • Algunos productos de mantenimiento, determinados floculantes y clarificantes contienen compuestos fosfatados, con lo que paradójicamente pueden ir sumando fosfato con cada uso.

El resultado es que el fosfato tiende a acumularse con el tiempo, temporada tras temporada, si nunca se hace nada para reducirlo específicamente.

Por qué son un problema aunque el cloro esté bien

El cloro y los fosfatos actúan en planos distintos. El cloro elimina algas y microorganismos que ya están en el agua; los fosfatos, en cambio, son el nutriente que permite que las algas que sobreviven, y siempre sobrevive alguna, en cantidades mínimas, se multipliquen con rapidez en cuanto encuentran la más mínima oportunidad. Una piscina con fosfatos altos puede mantener el cloro en su rango correcto durante semanas sin problema aparente, y aun así "explotar" en algas en cuanto el cloro baja un poco, por ejemplo tras varios días de mucho sol y muchos bañistas. Por eso conviene tratarlo como un parámetro más a vigilar, junto al pH, la alcalinidad o la dureza cálcica que ya se revisan en cualquier análisis rutinario del agua.

Cómo se eliminan

La forma habitual de bajar el fosfato es mediante productos eliminadores de fosfato, que funcionan por un principio sencillo: contienen compuestos (normalmente a base de sales de lantano u otros agentes similares) que reaccionan con el fosfato disuelto en el agua y lo convierten en un precipitado sólido, insoluble, que ya no está disponible para las algas. Ese precipitado queda suspendido como una fina turbidez y se retira con el filtro; en piscinas con mucho fosfato acumulado puede convenir pasar antes un floculante para que el filtro lo atrape con más eficacia. Es un proceso que no sustituye al cloro ni al resto del tratamiento habitual, se suma a él, y normalmente basta con hacerlo de forma puntual, no cada semana.

Cómo evitar que vuelvan a acumularse

  • Cubrir la piscina cuando no se use, sobre todo en temporada de caída de hojas o de mucho polen.
  • Ducharse antes del baño reduce la cantidad de cosméticos y cremas que acaban en el agua, un hábito sencillo con más impacto del que parece.
  • Evitar fertilizar el césped o las plantas cercanas justo antes de una lluvia previsible, o hacerlo lejos del vaso de la piscina.
  • Medir el fosfato de vez en cuando, no solo cuando ya hay un problema de algas, se mide con un kit específico, distinto del que se usa para cloro y pH.

Preguntas frecuentes

¿Los fosfatos hacen daño si me baño con ellos en el agua?
No son tóxicos para las personas en las concentraciones que se ven en una piscina. El problema no es la salud del bañista, sino que alimentan a las algas y obligan al cloro a trabajar mucho más de lo necesario.

¿Por qué tengo fosfatos si nunca los he añadido al agua?
No hace falta añadirlos a propósito. Llegan solos con las hojas y el polen, con los productos cosméticos y solares de los bañistas, con la escorrentía de jardín tras la lluvia y, en algunas zonas, incluso con el agua de red usada para rellenar la piscina.

¿Basta con subir el cloro si tengo fosfatos altos?
Puede tapar el síntoma un tiempo, pero no soluciona la causa. Mientras el fosfato siga ahí, cualquier bajada puntual de cloro puede desencadenar un brote de algas otra vez. Lo eficaz es reducir el fosfato en origen.

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Puede que el problema no sea el cloro, sino los fosfatos acumulados. Escríbenos y lo revisamos en tu próxima visita.

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