Una manta térmica es una cubierta de burbujas de aire que se coloca sobre la superficie del agua. El nombre invita a pensar que su única función es subir la temperatura, y lo hace, pero no es, ni de lejos, su único beneficio real.
La evaporación, con y sin manta
Reduce la evaporación mucho más de lo que parece
Bien colocada, una manta térmica puede reducir la evaporación del agua hasta en un 95-98%. Esto no es solo un dato de ahorro de agua: cada litro que se evapora se lleva consigo cloro, estabilizante y demás productos disueltos, así que menos evaporación significa, directamente, menos producto químico que reponer.
Piscina descubierta
Con manta térmica
Otros beneficios menos conocidos
- Ahorro de energía: en piscinas climatizadas, reduce hasta un 50-60% el consumo necesario para mantener la temperatura, al minimizar la pérdida de calor durante la noche.
- Menos suciedad: actúa como barrera física frente a hojas, polen e insectos, reduciendo la carga de materia orgánica que hay que filtrar y tratar.
- Alarga la temporada de baño: puede subir la temperatura del agua varios grados, permitiendo empezar antes en primavera y seguir bañándose semanas después en otoño.
Cómo colocarla correctamente
Siempre con las burbujas hacia abajo, en contacto directo con el agua, y la cara lisa hacia arriba, es esa capa de aire confinado la que aísla y reduce tanto la pérdida de calor como la evaporación. Conviene cubrir toda la superficie sin dejar huecos, porque cualquier zona descubierta permite que se escape buena parte del beneficio. Lo ideal es mantener la piscina cubierta siempre que no se esté usando, no solo por la noche.
¿Es obligatoria en piscinas comunitarias?
No, pero cada vez se recomienda más, precisamente por el ahorro de agua que supone, algo que encaja con la novedad que vimos en el Decreto 99/2024, que ya no exige vaciar el vaso cada año en aras de la economía del agua.

